En esta carta (que él mismo, al enviársela a monseñor Dell’Acqua, califica como etapa de una meditación única que se desarrolla lentamente en mi alma: ¡me parece que esta es la línea fundamental de la historia actual!) La Pira solicita a Pío XII que le preste una atención especial al diálogo mediterráneo.

[…] el Mediterráneo es «el lago de Tiberíades» del nuevo universo de las naciones: las naciones que están en las orillas de este lago son naciones que adoran al Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob; al Dios vivo y verdadero.

Estas naciones, junto con el lago que rodean, constituyen el eje religioso y civil alrededor del cual tiene que gravitar este nuevo cosmos de las naciones […].

¿Y qué hacer en la práctica? ¿Qué tiene que hacer la Italia cristiana? Preocuparse (con la oración, con la meditación y con la acción prudente pero inteligente y de «gran alcance») de la «unificación», de la convergencia, de estas naciones mediterráneas: llevar a cabo su acción política, económica, cultural, social (religiosa), etc. con vistas a constituir este «centro» del nuevo universo de las naciones; con vistas a constituir este punto de atracción y de gravitación de las naciones: para que desde Oriente y desde Occidente las naciones «vengan a bañarse» en este gran lago de Tiberíades, que es, por definición, el lago de toda la tierra. 

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