Unidad del mundo y de las iglesias

Coherentemente con su teología de la historia (o mejor, como a menudo prefería decir, con la teleología, es decir, la finalidad de la historia) La Pira ve la historia humana como una larga peregrinación (llena de vacilaciones, cambios de ideas y errores, como el viaje del pueblo elegido a través del desierto hacia la Tierra Prometida) hacia el shalom del Padre.
El tiempo presente es crucial en este camino: el peligro de la destrucción del planeta por parte de las armas nucleares «fuerza» de alguna manera al mundo a unirse, a superar la lógica maquiavélica (ver Los jóvenes son como las golondrinas).
Al mismo tiempo, la Iglesia toma conciencia de la nueva estación (ir a su comentario a la encíclica Mater et Magistra) y, con el concilio, inaugura una estación de encuentro y de diálogo con las demás religiones (ir a El ecumenismo) y recorre con Pablo VI un camino irreversible en esta dirección.
Este tema aparece en muchísimos textos de La Pira, en particular en las cartas a los Papas (ir a Derribar muros, construir puentes).