Mensaje de error

Deprecated function: The each() function is deprecated. This message will be suppressed on further calls en menu_set_active_trail() (línea 2405 de /var/www/clients/client2/web3/web/includes/menu.inc).

Teologia de la historia

 

 

 

Queridos amigos:

[…] Para definir esta época –realmente tan excepcional y en cierto sentido única‒ es suficiente empezar por su característica en cierta manera fundamental: es decir, la espacial, científica y técnica. 

¿Pueden caber dudas sobre el hecho de que la presencia de este componente espacial, científico y técnico sea suficiente de por sí para marcar un hito sin precedentes (en cierto sentido) en la historia del mundo?

En efecto, la presencia de este componente trae consigo consecuencias de incalculable alcance en la estructura política, económica, cultural, social y religiosa de los pueblos y de las naciones. 

Señalemos las más importantes. 

a) Ahora ya la III Guerra Mundial es físicamente imposible: porque si los hombres la hacen, lo único que harán será destruir el mundo; hacer añicos la tierra; ¡erradicar al género humano de la misma! Pero si esto es cierto ‒y lo es: los científicos y los políticos no pueden dejar de convenir al respecto y, de hecho, convienen‒, entonces se puede decir que por primera vez en la historia del mundo, la guerra (como herramienta de solución de los problemas políticos, económicos, etc. que separan a los pueblos) está vedada. Habrá que sustituir el método de la guerra por el método de la paz, el método de las negociaciones, del encuentro, de la convergencia: es decir, ¡el método auténticamente humano!

b) Una civilización con una estructura técnica cada vez más difundida por todo el espacio de los pueblos y de las naciones: hay una koiné nueva, dice el cardenal Frings; un lenguaje nuevo, único para todos los pueblos del mundo: el lenguaje técnico y científico único para todos los pueblos. 

c) Emergencia (histórica y política) de los pueblos nuevos, en todos los continentes: en África, en Asia, en América Latina, etc. Esta emergencia tiene consecuencias de alcance realmente desmesurado para el desarrollo económico, civil, cultural y político del mundo: para el movimiento total de la historia de los pueblos y de las naciones.

d) Estructura programada del sistema económico mundial, ¡con el objetivo de asegurarles a todos los pueblos los elementos esenciales para su existencia económica y civil!

e) Unidad del mundo, a todos los niveles: desde el económico hasta el social, cultural y político (piénsese en los transportes: son suficientes unas pocas horas para ir de Nueva York a Moscú).

f) La crisis de todas las ideologías: ¡marxismo incluido! Todos los vocablos han perdido su significado original; los términos más comunes han cambiado de sentido: el imprevisto crecimiento espacial, científico, técnico y económico ha operado una transformación radical en el significado de los términos más comunes del lenguaje ideológico (y, por ello, político). 

g) En medio de esta crisis ideológica universal emergente –como una montaña de la que cada día se descubren sus dimensiones eternas‒, la Iglesia. 

Y ahora llegamos a la pregunta: ¿cuál es el sentido de esta época? Es decir, ¿cuál es la teología de esta época? ¿Qué lugar ocupa en el plan total de la historia de la Iglesia y del mundo? 

Esta pregunta da por resuelto el problema preliminar, el más importante de los problemas humanos, el que ha vuelto a ser el problema más actual del mundo: si la historia (total) del mundo tiene un sentido, una dirección, un fin. 

Nuestra respuesta a este problema es evidente: nosotros decimos que si la Resurrección de Cristo es cierta (y lo es), si es cierta (y lo es) toda la Revelación (Antiguo y Nuevo Testamento), si es cierto (y lo es) el Pentecostés (y por ello la fundación de la Iglesia), entonces la historia total del mundo (es decir, de la Iglesia y de los pueblos de toda la tierra) tiene un sentido, una dirección y una finalidad bien definida: Cristo es el alfa y la omega, el principio y el fin de la historia total del mundo. ¡La historia pone en práctica un designio que tiene en Cristo su causa eficiente, su causa ejemplar y su causa final!

La historia del mundo es cristocéntrica: a esta conclusión no se escapa (la historia es la biografía de uno, de Cristo, dice Fornari).

[…]

Todas las señales de esta época nuestra hablan este lenguaje y expresan esta esperanza.

Época espacial; guerra imposible: paz ineluctable; emergencia de los pueblos: Israel en Palestina; unidad del mundo; crisis de las ideologías: emergencia de la Iglesia en el mundo (lumen ad illuminationem gentium). ¿No parece que estemos leyendo a san Pablo (Rom 11:26 y ss.), a san Juan (Apoc 21:2 y ss.), al Señor (Jn 8:12-13), a Isaías (2:l y ss.) y las profecías y los salmos más significativos del Antiguo Testamento? Hay una aurora: ¡ha nacido una estrella de Jacob! Este es (¡nos parece!) el sentido profundo, teológico, de esta época: ¡este es el lugar que ocupa (nos parece) en el plan total de la Iglesia y del mundo!

Ya lo dijo Pío XI (muchos años antes que Pío XII: el 29 de abril de 1938).

Y he aquí el concilio: ¿qué sentido tiene? ¿Qué relación profunda, teológica (en el designio de Dios, por lo tanto) existe entre esta época nuestra, entre este significado teológico de la misma, y el concilio? Una imagen vale por respuesta: la Iglesia (ante este hito histórico tan determinante) se reúne para tomar plena consciencia de la nueva época, a la que Cristo la destina, y se para un momento, ¡para meditar sobre la nueva navegación que está destinada a emprender entre todas las gentes y a lo largo de los milenios!

Algo que es análogo al primer concilio, análogo al mismo Pentecostés: está el mundo entero, están todos los siglos por consagrar a Cristo, ¡Rey de las naciones y de los siglos! Este concilio es la puerta de entrada de nuestra época: ¡el comienzo del nuevo viaje histórico –con un resultado feliz‒ de la Iglesia y de los pueblos!

Por eso este concilio tan nuevo (como es nueva la época en la que se introduce prospectivamente): y por eso es un hecho no sólo interno de la Iglesia católica; no sólo unificador, de alguna manera, de la cristiandad; sino que es un hecho que incide en las raíces más profundas y en los movimientos más profundos de la historia total (presente y futura) de todos los pueblos y naciones. Este es (nos parece) el sentido del concilio, esta es (nos parece) su teología: es, al mismo tiempo, la señal más marcada y la prefiguración más marcada de los tiempos venideros; ¡de la estación nueva (de la primavera y del verano) en la que la Providencia ha hecho que entre o, al menos, está a punto de hacer que entre (como dijo Pío XII), la historia de la Iglesia y de las naciones!

El concilio es la señal, la prefiguración y el comienzo de esta génesis sobrenatural e histórica: un nuevo Pentecostés, como dijo Juan XXIII.