Teologia de la historia

 

(un discurso de septiembre de 1962)

 

[…] si la Resurrección de Cristo es cierta (y lo es), si es cierta (y lo es) toda la Revelación (Antiguo y Nuevo Testamento), si es cierto (y lo es) el Pentecostés (y por ello la fundación de la Iglesia), entonces la historia total del mundo (es decir, de la Iglesia y de los pueblos de toda la tierra) tiene un sentido, una dirección y una finalidad bien definida: Cristo es el alfa y la omega, el principio y el fin de la historia total del mundo. ¡La historia pone en práctica un designio que tiene en Cristo su causa eficiente, su causa ejemplar y su causa final!

La historia del mundo es cristocéntrica: a esta conclusión no se escapa (la historia es la biografía de uno, de Cristo, dice Fornari).

[…]

Ahora ya la III Guerra Mundial es físicamente imposible: porque si los hombres la hacen, lo único que harán será destruir el mundo; hacer añicos la tierra; ¡erradicar al género humano de la misma! Pero si esto es cierto ‒y lo es: los científicos y los políticos no pueden dejar de convenir al respecto y, de hecho, convienen‒, entonces se puede decir que por primera vez en la historia del mundo, la guerra (como herramienta de solución de los problemas políticos, económicos, etc. que separan a los pueblos) está vedada. Habrá que sustituir el método de la guerra por el método de la paz, el método de las negociaciones, del encuentro, de la convergencia: es decir, ¡el método auténticamente humano!

 

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