A sus dos sobrinas que se hacen monjas


Dos sobrinas de La Pira, Maria Maddalena y Angela, hijas de su hermana Peppina, optan cada una en un momento diferente por la vida consagrada y se hacen monjas con los nombres de sor Chiara y sor Lina. 
Cuando hacen esta elección, La Pira les escribe para congratularse y darles ánimos. 
20 de agosto de 1951, San Bernardo

Querida Maria:
Cierto, es esencial, ante todo, poseer una celda interior: o sea, la atracción íntima que transporta nuestra alma y nuestra morada hasta Dios.
Cuando este germen de vida divina adquiere en nosotros una consistencia robusta, entonces el Señor nos llama para llevar a cabo experiencias más íntimas y nos incorpora a su obra de redención y de amor.
No sé qué decirte: son decisiones que tienen un peso enorme porque has de dedicarles toda la existencia. Mientras tanto, que la gracia del Espíritu Santo pose en tu corazón un amor cada vez más avivado por esas nupcias castas que hacen del alma consagrada una unidad consumada con Cristo.
Que la Virgencita Santa te ilumine, te asista y te bendiga. Reza por mí. 
La Pira


20 de julio de 1955, San Jerónimo Emiliani

Lina, ¡qué bondadoso es el Señor! Hace que florezcan en las almas que se consagran a Él las flores más puras de la unión con Él: la tierra florece, el alma florece, todo florece; es como presentir o saborear por adelantado el Paraíso. 
Y surge espontáneamente en el corazón el dulce cántico de María: ¡mi alma magnifica al Señor!
Para conservar siempre este júbilo virginal no hay más que un camino: seguir siendo niños en nuestro interior, tener el corazón de los más pequeños, su serena confianza, su alegría y su pureza.
El Señor te concederá todas las gracias necesarias para que tu vida de alma a Él consagrada esté dedicada a Él y a las criaturas que han de ser conducidas amorosamente hasta el Señor.
Te deseo todo lo mejor y que la Virgen Auxiliadora te asista siempre como a una hija.
Reza por mí.
En Cristo,
La Pira