Pablo VI y el encuentro de la Iglesia con los pueblos

 

La Pira fue invitado a concluir los actos que se organizaron en Brescia para celebrar los 50 años de Pablo VI en el sacerdocio (1970). Es la ocasión para presentar de manera unitaria los primeros siete años de pontificado de Montini, que La Pira sintetiza resaltando tres hechos:

[…] el sentido de la historia: la historia tiene un sentido, una dirección; hay un «punto omega», una «estrella polar» que la orienta y la encamina.

[…] la divisoria del Apocalipsis; en la era de la alternativa y de la elección final: en la era atómica, espacial y demográfica que plantea o la destrucción del género humano y del mismo planeta (Apoc 7:1 ss.: está todo listo para la destrucción) o la paz, la unidad y la promoción milenaria de los pueblos de toda la tierra […].

[…] a la Iglesia católica –y, por lo tanto, a Pedro‒ como órgano igualmente esencial (en cierto sentido causa eficiente, final y ejemplar) de esta unidad, liberación y pacificación de los pueblos.

En esta situación, la tarea de la Iglesia y del Papa es clara para La Pira: obrar con sabiduría y esperanza para que la unidad de las Iglesias y de las naciones se lleve a cabo progresivamente

[…] la inevitable convergencia de todos los pueblos de la tierra hacia la unidad, la coexistencia pacífica, la promoción civil; y es un órgano cada vez más esencial, a su manera –en virtud de una «misteriosa» ley histórica que a ello lo destina‒ el de Pedro y su sede romana: momento cumbre de la historia, en el que todos los pueblos (según la visión profética de Isaías) «colliguntur et veniunt». 


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