No puedo seguir en silencio

  

La Pira se siente implícitamente acusado por su acción política en el conflicto de la Pignone por algunas partes del mensaje navideño de Pío XII en las que se hacía mención a «pregoneros carismáticos en ciernes». Obviamente esta frase fue interpretada como una reprobación de cara al alcalde y como una severa llamada a una política decididamente anticomunista sin indulgencias hacia las iniciativas sociales.

La respuesta de La Pira denota pesar pero también firmeza:


[…] ¿cómo voy a poder estar al mando de una ciudad en la que se echa abajo –al menos eso se intentó‒ todo el sistema industrial (las tres industrias fundamentales de la ciudad)?

La multitud de despedidos y sus respectivas familias acuden a mí, en Palazzo Vecchio; a mí, alcalde del partido de gobierno; alcalde democristiano, piensan ellos; ¡acuden a mí y me piden trabajo y asistencia!

¿Y yo que podría hacer? ¿Qué les voy a decir? ¿«Coyuntura económica»? Santísimo Padre, ¡cuánta dolorosa mentira subyace bajo estas palabras sofisticadas! ¡«Reajuste»! Yo que conozco las posibilidades de trabajo reales de las empresas, que conozco el entramado de inmoralidad y de vileza que a menudo se esconde tras estas palabras que parecen tan púdicas: ¡sepulcros blanqueados!

[…] Yo no puedo aceptar, en ningún caso, la iniquidad: no conozco la técnica del «complejo político y diplomático»; he hablado claro con los fascistas; he hablado claro, o mejor, todavía más claro, con los comunistas; también hablo claro con los propietarios que no son conscientes de las graves responsabilidades relacionadas con los talentos que Dios les confía.

No puedo asistir impotente a las injusticias que se cometen bajo la apariencia de la ley. 

 

PARA VER EL TEXTO COMPLETO DE LA CARTA CLICAR AQUÍ