Mensaje para el encuentro euro-árabe de Florencia


 

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¿Cuál es la hipótesis de trabajo en la que se ha basado la acción florentina durante todos estos años, y cuáles son las ideas que este encuentro me sugiere también?

Primero. En este encuentro entre europeos y árabes tampoco se puede dejar de tomar conciencia –y por lo tanto no se puede dejar de actuar consecuentemente‒ de la época cualitativamente nueva –¡la era atómica!‒ que caracteriza la historia del mundo contemporáneo y que indica sin alternativas –por juicios científicos, políticos, económicos y morales‒ la elección definitiva de la paz (y por lo tanto de la justicia y la unidad) que presupone como únicas herramientas adecuadas el diálogo, las negociaciones y el acuerdo. 

Segundo. Los pueblos de Europa han emprendido este camino y en Helsinki el continente europeo se ha pacificado y ha abierto las puertas al Mediterráneo con una visión de futuro. De este contexto no puede disociarse, es más, está estrechamente ligado a él también, el diálogo entre Europa y el mundo árabe. 

Tercero. Construir la tienda de la paz es también el destino del Mediterráneo. Estos pueblos, pese a sus múltiples divisiones y contrastes, tienen, en cierto sentido, un fondo histórico en común, un destino espiritual, cultural y de alguna manera también político en común. Su «unidad» es esencial y casi una premisa para la unidad de la familia de los pueblos en su totalidad.

En estas últimas décadas se vienen llevando a cabo investigaciones de alto valor que han tratado y tratan cada vez más de analizar atentamente este «fundamento común» y esta «historia común» de la triple familia de Abraham que baña las orillas del Mediterráneo, ¡nuevo lago de Tiberíades!

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Ya lo dijimos: «Si se quiere que el posible diálogo árabe-israelí sea eficaz y resolutivo realmente no puede ser más que triangular: entre Israel, Palestina y los demás Estados árabes fronterizos».

Esta tesis «florentina» del triángulo parece cada día más válida: en cierta manera, ¡todos están convencidos de que las negociaciones y la paz árabe-israelí pasan inevitablemente por este triángulo! Entre las hipótesis de colaboración que la Europa de la CEE y el mundo árabe proponen está también esta. Sobre todo está el esfuerzo común por convertir en una certeza la esperanza que radica en Abraham (¡spes contra spem!) de reconciliar a Israel e Ismael. ¡Así que déjenme terminar con este sueño! Dejen que vea en esta luz el objetivo último de esta reunión euro-árabe que hace reflorecer la tesis de Florencia: «¡La esperanza de Abraham!». 

No hay más que retomar, por así decir, la senda de Florencia: la vía de la convergencia, del encuentro que Isaías indicó con tan profética precisión: «Aquel día habrá una calzada de Egipto a Asiria, por la que Asiria irá a Egipto y Egipto a Asiria; y ambos servirán al Señor. Aquel día Israel hará de mediador entre Egipto y Asiria, será una bendición en medio de la tierra, pues los bendecirá así el Señor del universo: Bendito sea Egipto, mi pueblo; y Asiria, obra de mis manos; e Israel, mi heredad» (Is 19:23). 

Y también la vía que el Corán (3:64) indica diciendo: «¡Oh, gente del Libro! Venid a una palabra que es igual entre nosotros y vosotros: que no adoremos a nadie que no sea Dios»

He aquí, señores ministros, embajadores, compañeros y amigos reunidos en Florencia lo que habría querido decirles si mis condiciones de salud me hubieran permitido estar presente junto a ustedes. 

¡Spes contra spem!

 

Florencia, 22 de abril de 1977