A las monjas de clausura - En Rusia por la unidad de la Iglesia y por la paz

 

Reverenda Madre:

La circular anterior (escrita justo después de mi regreso de Rusia) se detiene precisamente donde habría tenido que describir la ejecución del «mandato»: hacer llegar el mensaje de Fátima. La «crónica» de mi amigo Citterich colma, de alguna manera, esa laguna.

En cualquier caso, he aquí algunas líneas que integran esa crónica. 

Sí, ese valioso mensaje mariano yo lo hice llegar a cada uno de los «grandes destinatarios» a los que estaba dirigido.

1. Lo porté a la Iglesia rusa, durante la larga entrevista que mantuve con el metropolitano de Moscú, Nicolás. Le entregué una pequeña escultura de la Virgen de Fátima, muchas reproducciones de la basílica de la Santissima Annunziata de Florencia y muchas imágenes de santa Teresa del Niño Jesús. Se podría decir que nuestra entrevista tuvo un único contenido: que estaba a punto de abrirse una nueva época radicalmente nueva en la historia del mundo, y que esta nueva y gigantesca edificación de los pueblos y las naciones requería por parte de los cristianos (de la Iglesia unida) el cumplimiento generoso de la parte que Dios les confía: ser la luz del mundo y la sal de la tierra.

Y le dije también a él: «he venido para hacer de “puente mariano de oración” entre Fátima y Moscú, entre la Iglesia de Oriente y la de Occidente, justo el día de la Asunción: porque está misteriosamente ligada a las apariciones (Lourdes, Fátima, etc.) y es, como la resurrección de Cristo, el fondo mismo del misterio de la historia de la Iglesia y de los pueblos». Y dije: «yo no soy más que el “albañil” visible (¡el mozo!) de este puente: los verdaderos arquitectos y edificadores son la Virgen de la Asunción, por un lado» (¡Fátima!) «y todos los monasterios de clausura del mundo por el otro lado» (cien mil criaturas virginales que oran y hacen penitencia: ¡qué fuerza invencible!).

Las mismas cosas que, en cierto modo, repetí en Kiev (al vicario del metropolitano de Kiev, el cual me dijo que en esa ciudad había más de seiscientas monjas que rezarían con nosotros, compartiendo nuestras mismas intenciones). Kiev es realmente el «nido» cristiano de Ucrania y de toda Rusia: allí los grandes santos y místicos, fundadores de la Iglesia y de la nación, están todavía «presentes», no sólo en la misma estructura arquitectónica de la ciudad, sino también en los peregrinajes que el pueblo ucraniano, que ha permanecido fiel a Cristo, hace aún hoy continuamente a sus célebres santuarios y monasterios.

2. Y, por último, este mensaje de Fátima fue comunicado –por así decir? al más «dramático» de sus destinatarios: esto es a los representantes ateos más cualificados (del Sóviet Supremo) del Estado soviético, y al mismo Kremlin. 

Lo dije con extrema claridad: yo no soy un soñador, un iluso; soy un creyente, es decir uno que trata de concentrar toda su atención (cual casa sobre la roca) en una «hipótesis de trabajo»; esta «hipótesis de trabajo» está constituida por la Resurrección de Cristo y la Asunción de María, ambas –en cierto sentido? causa eficiente y final a la vez de la historia total de los pueblos y las naciones.

«Hipótesis de trabajo» ciertamente singular, poco común en la meditación y en la acción política corriente; sobre la que se puede también discutir ?por parte de nosotros los creyentes?, pero respecto a la cual nadie puede evitar la tan seria pregunta: ¿y si fuera cierta? (¡y lo es!). 

Hipótesis de trabajo que incluye en sí esta otra afirmación: la más poderosa fuerza histórica, que mueve a los pueblos y las naciones, la finalidad de la historia entera, ¡es la oración!

¿La oración? Precisamente: ¡la oración (añadía yo) de los monasterios de clausura del mundo entero, que son los verdaderos artífices –junto con la Virgen María de la Asunción? de este singular «puente mariano» destinado a conectar Oriente y Occidente, Moscú y Fátima, la vertiente occidental y la oriental de la única cristiandad de Europa!

Al decir estas cosas mis interlocutores me miraban anonadados (por así decir): y sin embargo era innegable que había una coherencia lógica perfecta tanto en la estructura silogística de mi razonamiento como en la lógica casi geométrica de mis acciones (visita a los monasterios, etc.). Todo estaba vinculado a la premisa, a la hipótesis de trabajo; planteada esta, todo el razonamiento y toda la acción tomaban un rumbo simple, coherente, convincente: sin ella, ¡todo se venía abajo! El juego era muy sutil: ¡se caminaba sobre las aguas de la fe! Les dije: ¡acordaos de que los pueblos bautizados son como los pájaros y los peces que vuelven siempre, aun desde muy lejos, a sus nidos! Vuelven a la casa paterna donde nacieron y de la que se marcharon: se acuerdan y vuelven (como dicen la parábola del hijo pródigo y el célebre salmo 21). ¡Del mismo modo que vuestros pueblos se acordarán (es más, ya se están acordando) de las bellezas, de la paz, de la alegría de su casa natal (la casa mística del bautismo y la oración) y volverán a ella! Y darán una alegría al Padre celeste: ¡desde las orillas dolorosas de los ríos de Babilonia se acordarán de Jerusalén lejana y destruida, y llorarán, y tomarán con alegría el camino del regreso! He aquí el mensaje de Fátima: finalmente mi corazón inmaculado triunfará, Rusia se convertirá y habrá paz en el mundo. He aquí, Reverenda Madre, la «sustancia» de mis entrevistas: transmitir un mensaje: «construir un puente de oración»; el mensaje de Fátima y el puente de oración que tenía como artífices –además de la Virgen? a todas las monjas de clausura del mundo (sin contar a todas las otras almas, que en cada parte de Italia y del mundo se habían unido a nosotros en la oración y el sufrimiento). ¿Los resultados? Reverenda Madre, sólo Dios los conoce. No hay más que repetir la frase de san Pablo: Ego piantavi, Apollo rigavit, Deus autem incrementum dedit. Lo cierto es que Moisés, en el monte Sinaí, consiguió cambiar –por así decir? mediante la oración el juicio de Dios sobre Israel, y con ello, ¡la historia de Israel y del mundo! ¿Y entonces?

Luego la oración es una inmensa fuerza sobrenatural de la que depende el destino entero de los pueblos.

«Atraeré a todos hacia mí»: la oración del Señor en la cruz –que es también la de la Virgen María de los Dolores? es el imán universal que atrae hacia sí a todos los siglos, todos los pueblos, todas las ciudades, todas las naciones, todas las civilizaciones, toda la historia de los hombres, hasta la consumación de los siglos.

He aquí entonces la pregunta: ¿cuál es, en los designios de Dios, la eficacia de esta inmensa fuerza de oración y sufrimiento introducida en la fase actual de las relaciones entre Oriente y Occidente? ¿Qué misteriosa validez histórica posee este puente tendido, el día de la Asunción, entre las dos orillas de la cristiandad de Oriente y Occidente?

Preguntas serias, que los cristianos no pueden desatender. 

Estas son, Reverenda Madre, las pocas y breves líneas que integran mi viaje a Rusia.

¡Las demás «explicaciones» dejémoslas a nuestros ángeles custodios! Gracias por todo, Reverenda Madre: a usted y a sus hijas; y acuérdese siempre de rezar y de que rece la Virgencita, con tan sobrenatural afecto e insistencia, por mí.

Suyo en Cristo,

La Pira 


Domingo de Pasión (3 de abril) de 1960