Argelia y el diàlogo con el mundo arabe (18/4/58)

 

 

 

[…] Santísimo Padre, ¡hace falta algo más que el petróleo del Sáhara –o de Irak o de Persia‒ para contraponer de manera sana un ideal histórico «de alto potencial» al fervor nacional y religioso que está moviendo con un ritmo cada día más acelerado a los pueblos árabes y a todos los pueblos africanos y asiáticos!

¿Cuál es la estrella luminosa que muestra Occidente (Francia, Inglaterra, América) para crear centros de atracción en condiciones de hacer que converjan hacia sí los pueblos nuevos y las nuevas naciones? ¡Este es el problema! ¿Qué «estrella de Jacob» se muestra en el espacio supuestamente libre del mundo? ¿La estrella de la libertad? Santísimo Padre, está demasiado apagada y demasiado adulterada esta valiosísima estrella que Dios creó para que se moviera en Su órbita, una órbita de justicia y de belleza, una órbita de adoración y de fraternidad.

Este «ideal» de la supuesta libertad económica y política es un ideal que ya no tiene ni atractivo ni belleza ni eficacia: ha sido adulterado, en su misma sustancia, por esa concepción «liberal» del mundo que ha surgido en contraste con la cristiana y que se ha vuelto cada vez más materialista, opresiva, atea. 

[…] Francia, si no quiere apagarse como faro de civilización cristiana que es, ante todo debe arreglar políticamente –y no policialmente‒ el asunto argelino. El pueblo argelino quiere la independencia, está en su derecho. No hay petróleo que valga ante un problema que está sacudiendo al mundo entero. 

Este tiempo nuestro es singular: por primera vez presenta, en términos totalmente nuevos, el problema de las relaciones entre cristiandad e Islam, entre cristiandad e Israel, entre cristiandad y todo el mundo de los «gentiles» […].

 

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